En San Juan de Puerto Rico se acaban de instalar 13 basureros callejeros que tienen la particularidad de realizar la compactación de los residuos con un sistema alimentado por energía fotovoltaica. Las placas solares alimentan una batería de 12 voltios.
Cada basurero, de procedencia norteamericana, mide 1,30 metros de alto, por unos 65 centímetros tanto de ancho como de profundidad; y tiene una capacidad de aproximadamente 45 litros. Visualmente no difiere mucho de un pequeño contenedor e incluso de un buzón de correo.
Destaca, como queda dicho, por la capacidad de compactar la basura que se le introduce. El proceso comienza cuando una serie de sensores conectados a un ordenador interno avisa que se ha llegado a un límite determinado de residuos. Es entonces cuando entra en funcionamiento la máquina compactadora, que con una fuerza de presión de 500 kilos consigue realizar la operación en 40 segundos. Tanto el ordenador, como los sensores y la máquina que impulsa la compactadora, están alimentados por la energía solar acumulada en la batería.
Una vez completada la capacidad de cada compactador, se extrae un bloque de residuos de cerca de un metro de lado. El precio estimado de cada basurero ronda los 3.100 euros, y su fabricante garantiza, además de que está realizado con materiales reciclados, una vida útil de 10 años.
Entre las ventajas que a primera vista surgen de su utilización, es evitar los desbordamientos de basura, malos olores y presencia de alimañas, además de reducir el uso de bolsas plásticas y de espaciar la necesidad de vaciar cada basurero.
La empresa fabricante ya ha instalado sus productos en diversos puntos de los Estados unidos, en especial en Parques Nacionales donde habitan osos, quienes no deben estar muy contentos con este nuevo desarrollo, un verdadero freno a sus ansias de escarbar la basura en busca de alimento.
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